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El trabajo creativo de un fotógrafo, se nos presenta como un muestrario de fotografías sin una unidad temática evidente, se tocan muchos temas aparentemente inconexos: la familia, la ciudad, el paisaje, … Sin embargo, sí existe un hilo conductor, un nexo común, todas ellas destilan “algo”, un leitmotiv, una huella que el autor ha dejado en su trabajo, a veces conscientemente, y otras no. Esta impronta del autor se nutre principalmente de su experiencia diaria, de la familia y de su entorno y grupo social.


Sin embargo, para poder crear hay que saber extraer de la cotidianidad la información, las imágenes que responden a este leitmotiv; y esto se consigue con la capacidad de asombrarse. El asombro es el primer resorte que se acciona para el acto creativo, es el pestillo que hace levantar nuestra cámara fotográfica en respuesta a nuestros intereses, a lo que nos gusta, a nuestra personalidad al fin y al cabo.

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Es muy importante que cada uno trabaje para conservar y potenciar la capacidad de asombro, una forma de mirar no acostumbrada, atenta a lo que ocurre alrededor. Decía el poeta Jesus Montiel en una entrevista que “ La vida es sorprendentemente breve, pero nos acostumbramos a ella como si fuéramos eternos”, sólo cuando tomamos conciencia de lo fugaz que es la vida, surge esta mirada curiosa. De este modo utilizamos la fotografía como una herramienta para encontrarnos con los milagros cotidianos, es nuestro billete de vuelta, nuestro recuerdo de estos chispazos de la vida cotidiana.

En mi caso, la fotografía; la mía y la de otros, conduce de alguna manera mi desarrollo, y me hace crecer como persona, me cambia, modifica mi forma de mirar y muestra nuevas sensibilidades a las que antes era ajeno. Las fotografías señalan la cotidianidad que me rodea, y que pasa desapercibida sumergida en la comodidad de la costumbre y lo rutinario; la fotografía me ayuda a tomar conciencia de mi alrededor.

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Esta búsqueda del asombro funciona de manera diferente en cada persona, en mi caso, algo llama mi atención de forma contundente o sutil, puede ser muy evidente, o algo casi imperceptible, la mirada se detiene unos segundos en algo, y pasa de largo. Si he sido consciente de este lapso, me pregunto el porqué y qué representa para mi lo que detuvo mi mirada, al tiempo voy formando una primera imagen mental.

En este momento entra el segundo mecanismo de la creación; la contención necesaria para estructurar la imagen, componer y pensar en sugerir, más que en ser descriptivo o superficial, la contención me ayuda a superar el primer impulso meramente formal de la escena, para profundizar en una composición más sugerente. No hay que confundir esto, con la búsqueda de fotografías sugerentes, estereotipos ya muy gastados que producen imágenes con cierta pátina de falsedad.

¿Cómo te funciona a ti?