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Cuando un amante de la fotografía ha superado las primeras barreras técnicas que le presenta el medio y conoce su cámara, la técnica y además es capaz de resolver eficientemente la mayoría de situaciones que plantea cada fotografía; sólo queda hacer fotografías. Que nuestra obsesión sea hacer fotografías, desprenderse de los laberínticos entresijos de la técnica, para dejar paso a fotografías sinceras “paridas” directamente del sentir.

Sin embargo, pasa el tiempo y las fotografías se suceden, una tras otra; y en nuestro caminar pasamos por unos cuantos perfiles fotográficos (paisaje, retrato, ..) y muchas influencias de otros fotógrafos, para finalmente caer en la cuenta de que todas las fotografías que te importan tienen algo en común, cambia el contenido, las formas, el contraste ... pero todas las fotografías que te importan destilan el mismo sabor.

Esta esencia no puede reducirse simplificando el origen de tu creatividad al hecho de “La Inspiración”. Las fotografías nacen de muchas cosas que están dentro de cada uno de nosotros: preocupaciones, inquietudes, memoria, nostalgia, curiosidad … “La Inspiración” nos descarga de la autoría de nuestras fotografías y le regala el mérito a factores externos, ajenos a nuestro sentir. Es lo mismo que copiar, reproducir automáticamente fotografías, tu inspiración simplemente es la búsqueda de fotografías que no hayas hecho todavía, por eso necesitas viajar, cambiar para encontrar tu inspiración.

Sin embargo, esto no sucede así cuando fotografiamos de forma sincera, atendiendo únicamente a nuestro sentir, dejando la mente en blanco y esperando a que los ojos se detengan en algo sin importar el motivo o la forma; a mitad de camino entre lo dirigido y lo aleatorio.
Una breve pausa involuntaria de contemplación en algo o alguien es suficiente para registrarlo en una fotografía, como si fuera el arte de Jackson Pollock. Si piensas lo que quieres fotografiar, no fotografías; si usas el intelecto no dejas que brote tu sentir; el intelecto es tu personalidad, pero no es más que el traje que te pones cada mañana para mostrarte a los demás, fotográficamente hablando, son las fotografías con las que quieres presentarte a los demás.

Lo interesante no es fotografiar automáticamente, ni someter tus fotografías al hecho causa-efecto (sonrisa-foto, monumento-foto, atardecer-foto, injusticia-foto, tragedia-foto, chiste-foto, …), ni fotografiar porque pienso de esta manera o porque ya he visto esta fotografía antes, la copia en si es una acción automática. Lo verdaderamente interesante es buscar fotografías que no sean automáticas que no provengan de una reacción obvia fruto de un estímulo. Se trata de buscar esas escurridizas impresiones que no surgen de forma automática, que nacen directamente de nuestro interior porque sí, sin más explicación, fotografías que son, en esencia, manifestaciones de "nuestro" sentir, lo no esperado.